30/oct./2020
viernes, 30 de octubre de 2020

Lofoten Links, en Noruega: así es uno de los mejores campos de golf del mundo

Lofoten Links, en Noruega: así es uno de los mejores campos de golf del mundo

Situado por encima del Círculo Polar Ártico. Lofoten Links, en Noruega, es uno de los campos más remotos y 'cool' del mundo. Su ubicación permite jugar 24 horas en verano, al no ponerse al sol, o mientras se contempla una aurora boreal. Recorremos sus extremadamente técnicos 18 hoyos junto al mar. No olvide llevar unas cuantas bolas de más.

Distinguida por sus espectaculares fiordos y montañas para entregarse a los deportes blancos, Noruega no suele identificarse con la práctica del golf. No obstante, este deporte lleva muy asentado en el país escandinavo desde hace décadas. Y aunque es cierto que queda lejos de la tradición y nivel de la vecinaSuecia -el tercer país en el ranking europeo en cuanto a participación y número de campos, según el último informe de KPMG-, Noruega alberga el que es considerado uno de los campos de golf más espectaculares del mundo.

Nos referimos a Lofoten Links, 18 hoyos en el paralelo 68°34'04'' de latitud norte, es decir, por encima del Círculo Polar Ártico. Emplazado en el extremo de Gimsøya, una de las siete islas que componen las Lofoten, nadie es inmune a la belleza inédita del entorno. Este archipiélago es uno de los lugares prodigiosos de Noruega, si no el más. Picos majestuosos se levantan sobre las aguas turbulentas del Maelstrom, las más famosas de la literatura. En ellas, alternan fiordos profundos con playas turquesas, cuya arena blanca se funde con la nieve dibujando un paisaje desconcertante.

Sostenidas como por un frágil milagro, las temperaturas en Lofoten son muy suaves teniendo en cuenta su emplazamiento por encima del Círculo Polar: en torno a 120 C de media en verano, con máximas en julio de hasta 230 C. La corriente del golfo es la responsable de esta anomalía térmica. No se salvan, en cambio, de disfrutar desde finales de mayo hasta mediados de julio del sol de medianoche; del mismo modo, que desde septiembre hasta entrado abril son bendecidas por las auroras boreales. Poder jugar al golf durante las 24 horas del día porque no caerá del todo la noche o combinar unos golpes con el avistamiento de las luces mágicas del norte son dos de los inimitables privilegios de Lofoten Links, y también sus paquetes estrella más demandados.

Mucho más que deportes

La promoción de dos noches de alojamiento y 48 horas de golf non stop es válida del 18 de mayo al 5 de agosto por 2.990 coronas noruegas (unos 300 euros). Desde agosto y hasta el 14 de octubre, el paquete Golf y Auroras boreales incluye, desde 5.550 coronas por persona (unos 560 euros), alojamiento, tres rounds en los 18 hoyos, así como un vehículo para explorar los espectaculares paisajes de las islas y los pintorescos pueblos pescadores.

La sensación indescriptible de estar en un lugar tan remoto, tan extraordinario, es otro privilegio de Lofoten Links. Eso sí, llegar hasta aquí no es fácil. Desde España habrá que volar a Oslo, desde cuyo aeropuerto, Gardemoen, parten aviones de la compañía Widerøe directos hasta Svolvaer, el mayor núcleo urbano del archipiélago. Otra opción, con más frecuencias, sería volar desde la capital noruega a los aeropuertos de Bodø, desde donde parten ferries, o Narvik, desde donde se puede conducir hasta las islas, que se comunican por puentes.

Pese a emplazarse prácticamente en el fin del mundo, la presencia humana en este archipiélago, que vive fundamentalmente de la pesca, es ancestral y está fuertemente vinculada a la época vikinga. Los historiadores estiman que el jefe vikingo Tore Hjort era oriundo de esta zona. De hecho, retazos de la Historia están presentes en el campo Lofoten Links, exactamente en el hoyo 1, donde de camino al green se pasa por una tumba vikinga.

 

Arraigado, por tanto, en la milenaria tradición vernácula, este campo de golf se emplaza en Hov, lugar que da nombre también a su propietario, cuya familia posee estas tierras desde hace 400 años. "Mi padre, junto con otras personas, tuvo la idea inicial de crearlo y plantearon un plan de regulación, pero al principio no fue nada fácil. Era el primer campo de golf que iba a diseñarse en el norte de Noruega, de algún modo era algo controvertido. No contaba con el apoyo de las autoridades, y tampoco tenían los fondos necesarios", cuenta Frode Hov a Fuera de Serie.

Pese a todos los pesares, no cejó en su empeño: "Ese campo de golf se convirtió en su sueño, con él quería inyectar nueva energía al lugar. Yo tenía 15 años por entonces, así que también hice mío ese sueño", continúa Frode, que para materializarlo estudió Turismo y Económicas, y realizó su tesis de máster sobre el turismo del golf. Para ello viajó por el mundo visitando campos y cuando vio que había llegado el momento contactó con Jeremy Turner, a quien encargó su diseño.

Inicialmente este arquitecto de campos de golf sueco diseñó los seis hoyos con los que el campo abrió en 1998: "Algo fácil, simple, para probar", explica Hov. Dos años después, se ampliaron a nueve y en 2012, con una suma de inversión pública y privada, comenzó el desarrollo de los 18 hoyos. Con 6.092 metros y par 71, el campo del Club de Golf de Lofoten -que, con más de un centenar de miembros de fuera de las islas, cuenta en su gestión con la asesoría de la conocida compañía estadounidense Troon- abrió en el verano de 2015.

Aurora boreal sobre uno de los hoyos del campo de golf Lofoten Links en Noruega.

Tradición y golf potente

La filosofía de Turner para diseñar sus campos de golf, la mayoría en Noruega y Suecia, es trabajar a favor de la naturaleza y no en su contra. Por ello apenas interviene en el terreno con el fin de "obtener el máximo efecto y drama", en sus propias palabras. "El pensamiento que hay detrás del diseño se basa en un profundo entendimiento de la tradición y los ejemplos clásicos, porque para mí no hay duda de que los links [un tipo de campo típico de Escocia que respeta las irregularidades del terreno y suele estar en zonas de costa] y los campos de interior son la fuente de inspiración de los mejores diseños modernos", afirma. En esta línea, para desarrollar este link a lo largo de 25 años, se propuso representar "400 años de tradición del golf, un trozo de Escocia en las tierras salvajes de Lofoten para un golf potente y una experiencia natural de primer orden".

La experiencia de jugar en este link -el mejor de Noruega y en el puesto 51 del Top 100 de Europa, según la última clasificación de Golf Courses- mirando de frente al Polo Norte se califica como épica. "Aquí lo tienes todo. Puro, intacto, pacífico", explicaba la profesional noruega Suzann Pettersen, número 36 del ranking femenino en la actualidad, a la cadena estadounidense CNN. "Mira el escenario, es absolutamente maravilloso. El sol no se ha puesto. Aquí tienes mucho más que golf, es la experiencia de la naturaleza en estado puro. Es un lugar para cargarte de energía", añadía la ganadora de dos torneos de la LPGA que ejerce de embajadora de Lofoten Links y trabaja desde hace años para traer en un futuro no muy lejano -previsiblemente en 2019 o 2020- un torneo del circuito femenino hasta estos confines del norte.

Un campo difícil

Pero no es únicamente el escenario; el campo en sí mismo justifica el viaje. Y las emociones fuertes comienzan en el primer hoyo, un par cuatro corto que recibe el nombre del antes mencionado jefe vikingo Tore Hjort. Con una calle que va estrechándose, delimitada por el océano y las rocas, conviene un golpe corto, ya que el green está ligeramente elevado para caer hacia el mar, y porque una salida larga desde el tee [la zona desde la que golpear por primera vez la pelota] requiere un swing controlado.

El hoyo dos, Arnholmen, es el que quizás más atención en la prensa internacional ha recibido. Se trata de un par tres de 138 metros literalmente sobre la playa, cuyo green está totalmente delimitado por el mar. La dirección del viento así como la visibilidad bajo el sol de medianoche son desafíos adicionales que se suman al reto. Desde el club advierten: "Mejor un golpe largo que corto". Hacer el hoyo en uno, coinciden los jugadores, es una experiencia única en el mundo. No obstante, señalan la existencia de un tee alternativo, junto al agua, en el green del primer hoyo, desde donde es incluso mejor.

Makkleirstranda es el hoyo tres, un inusual par cuatro porque incluye dos playas de fina arena blanca. Tiene una salida larga desde el tee más lejano, pero desde los otros se puede llegar al green si uno se atreve a golpear la bola para salvar el océano. Lo más prudente es hacer un approach a la derecha de la calle, a 100 metros del green, desde donde se obtiene un ángulo óptimo.

El cuarto y quinto, Arvikhaugen y Leite, ambos par cuatro, nos conducen tierra dentro. Se puede alcanzar el green con un buen drive con el viento del norte a la espalda. El hoyo seis, un par tres sin búnkeres, se extiende sobre marismas entre formaciones rocosas naturales. El siete, en las proximidades del lago Arvikvannet, que le da nombre, transcurre entre brezo en una calle estrecha. El green está protegido por tres búnkeres, pero un golpe largo sobre el agua ofrece oportunidades para una buena puntuación.

Moltemyra, el hoyo ocho, es un par cinco con magníficas vistas. "Es el más largo y tal vez el mejor del campo", explican en Lofoten Links. Desde el noveno, un corto par cuatro que recibe el nombre del cercano santuario de aves Hovsflesa, se puede contemplar el campo en todo su esplendor. Tres búnkeres se sitúan frente al green más ondulante que aquí encontraremos.

Fin del recorrido

El hoyo 10, con el monte Storknubben que le da nombre delimitando el horizonte, es un par cuatro de 343 metros máximo, pero en pendiente hacia arriba. El también par cuatro hoyo 11 conduce al 12, considerado un gran hoyo. El búnker, perfectamente ubicado en la parte delantera del green, atrapa fácilmente un drive que no sea fuerte. El 13 es un excitante par cinco con vistas a la corriente de Gimsøy. Y, de vuelta al mar, el hoyo 14, con la presencia habitual de águilas marinas sobre sus rocas, es un largo par cuatro, con una calle en forma de sinuosa letras.

El 15, que recibe su nombre, Kvalhaugen, de las ballenas que suelen vararse aquí, es un par cuatro que conduce al hoyo más largo y desafiante, expuesto al viento. También el viento es decisivo en el penúltimo hoyo, que parece más fácil de lo que realmente es. Finalmente, el hoyo 18 que nos lleva de vuelta al club es otro par cuatro también estrecho con un pequeño y ondulante green.

Habrá quien no quiera acabar la jornada y pueda dedicarse al golf durante las 24 horas del día, pero otra opción nada desdeñable es la de retirarse a uno de loslodges -de 34 habitaciones, a los que pronto se sumará un hotel- con los que cuentaLofoten Links. De impecable estilo escandinavo, brindan unas vistas al mar del Norte únicas y, quién sabe, en sus noches limpias siempre pueden aparecer danzando las auroras boreales.

Para explorar el paisaje, en cambio, nada como montar uno de los 20 caballos islandeses de Hov Hestergård, la cercana granja. Allí creció Frode cuando aún no sabía que, a 800 metros y a unos cuantos años vista, su sueño se haría realidad y su campo de golf sería considerado como uno de los más espectaculares del mundo.

Fuente: Expansión.

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